Animados, empezamos a rodar rumbo a Rellinars. Pronto, las primeras rampas del día se hacen sentir, y con ellas el crujir de los cambios (subiendo piñones!!!) y los primeros sudores (empieza a sobrar tanta ropa).
Después, varias bajadas técnicas hacen a más de uno y una (es decir, yo) echar pie a tierra y estar alerta. Desde el principio nos queda claro que esta ruta no es moco de pavo, aunque sabemos que lo más duro nos espera más allá de la carena del Panissar. Esto es sólo para ir abriendo el apetito.
El bocadillo de fuet, la coca-cola, el aquarius, el plátano y el chocolate con almendras del primer avituallamiento (hay que coger fuerzas!) me sientan de lujo y me dan energías para afrontar la temida “collada del infierno”.
Pocos son los que no hacen un duatlón de montaña en este tramo de la ruta. Yo, no contenta con el duatlón, me apunto a un triatlón, y justo antes de pasar por el Puig de la Balma me caigo en un charco pestoso.
Tras un pequeño avituallamiento en Rocafort, un entretenido tramo final de senderos nos lleva hasta Navarcles, donde el Hostal Muntaner nos espera.
Ducha.
Ibuprofeno.
Cena “en familia”.
Risas.
K.O. TOTAL.
06:45 horas del domingo: es duro levantarse, dejar la cama calentita y enfundarse en un culotte corto, pero no hay más remedio. Tras comprobar que no he pinchado (bien!), desayuno como una reina en tiempo récord. Estamos mentalizados de la dura etapa que nos espera antes de llegar a nuestro destino final. Por delante tenemos 60 kilómetros y otros 1.000 (y algo) metros de ascensión acumulada. Las rodillas y los cuadriceps me piden por favor otro ibuprofeno (se lo doy). Entre los asistentes hay bajas y abandonos, las duras rampas de la “collada del infierno” han hecho mella en más de uno (las mujeres hemos aguantado como campeonas).La etapa empieza por senderos y caminos técnicos en suave subida, muy entretenidos y agradables (sobre todo si vas de los últimos charlando tranquilamente y disfrutando del bosque), pero pronto exigentes bajadas y subidas interrumpen la calma y la conversación.
En Monistrol de Calders y en Granera tenemos un par de avituallamientos light (aquarius y manzanas), pero no son suficientes para aplacar mi apetito biker. Tras unos últimos kilómetros muy rodadores (aunque con alguna que otra rampa de pendiente incalculable), con un hambre que da calambre (la mayoría llevábamos ya un rato hablando de los canelones que nos esperaban en la meta), llegamos a Sant Quirze del Vallès sobre las tres de la tarde.
Foto oficial.
Somos finishers!!!
Estamos hambrientos.
Banquete “en familia”.
Risas.
Faltan canelones.
Sobran codillos.
Entrega de maillots.
VUELTA A CASA.